Hechos que te iluminan un día de Primavera

Recuerdo un día en que pensaba en todo lo desagradable que no quería en mi vida. Estaba sentada, en un suelo de madera y una piscina bajo mis pies. Las plantas de mi alrededor tenían flores y una mariposa estuvo revoloteando sobre ellas.

La miré y tuve cierta envidia de ella. Pensé: “Que suerte verte tan libre, sin ataduras. Parece que la vida te ama incondicionalmente. ¿Acaso me ama a mí también? Ojalá pudieras darme una respuesta. Si tú me sientes, si tú me reconoces, ven a mi, pues necesito un amor que no me puedo dar ahora mismo en este momento”

Había un juego de verificación por parte de mi ego. Y la espera de que el insecto se me acercara a la mano como había pedido, se convirtió en un sufrimiento y en una expectativa eterna que solo ocupaba un segundo.

Entonces solté ese sentimiento. Y la miré por cómo era ella. La amé y pensé: ¿Cómo yo misma no voy a ser igual de amada que ella? Si yo, siendo tan poquita cosa la amo tanto y la acepto tanto allí, en su flor, tomando el sol.

Entonces me relajé e inmediatamente la mariposa voló hacia mi dedo rápidamente. “Estoy aquí, estamos contigo”. Has comprendido que no puedes estar separada, que eres amada como lo soy yo ahora. Como me amas tú ahora. ¡Gracias a ti! No estás abandonada. Lo eres todo y todos formamos parte de ti y de todo. Necesitabas esta demostración, ¿Ahora crees lo que ven tus ojos? ¿Puedes creer lo que ya sabe tu corazón? Eres una estrella llena de luz.”

Sentí sus mini patitas, y veía sus alas balanceándose con la sutil corriente de la primavera. La miré. Y sentí un agradecimiento lleno de lágrimas y amor. Ella voló de nuevo y se marchó a la siguiente planta. Abandonó mi petición, sabiendo que había hecho lo que necesitaba.

Sonreí y subí a la casa a poner la mesa y ayudar con la comida. Fue como abrir mi pecho y llenarlo de luz.

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