El pasado mes de Marzo, me decidí a adentrarme a las puertas del Zoo de Barcelona. Esperando poder conseguir información que los animales quisiera ofrecerme. Siempre en beneficio de ellos. Los resultados fueron muy profundos. En esta publicación quiero compartir con vosotros esta especial conversación y relato de cómo sucedieron los hechos con nuestro hermano Oso:

 

Al acercarme al recinto del oso, no veo nada, y descubro al animal tumbado bajo un gordo tronco. Encima del tronco veo una mancha blanca. El animal se encuentra “dormido” debajo de su cobijo. Más que dormido da la sensación de estar drogado.

– Atolondráis. Escuchamos todas vuestras voces. También las del corazón. ¿Si no estamos en la naturaleza, en la Madre, dónde queréis que estemos? ¿Dónde pretendéis?

En ese momento recuerdo el oso Deva que me acompaña en este momento. Siento un gran respeto.

Me doy cuenta de mi cara de amargada, mirando mal a las personas de mi alrededor, pues salí del recinto de elefantes muy conmovida y me estaba costando proseguir con mi propósito.

Esto no me ayuda. -“Cálmate Ana, respira hondo”- Me digo.

En ese momento oigo a una mujer que dice:

-”¡Mira el oso! Siempre está sobando”. – En su tono se aprecia cierta sensación despectiva.

– Vosotros SÍ estáis dormidos. Me han dado medicación. Soportamos una responsabilidad emocional que no es nuestra. Una responsabilidad que es del ser humano. No es nuestra.

En ese momento le viene un aroma dulce y le gusta, una corriente sutil cerca de él. No sé qué es.

Un niño a mi derecha, de pelo castaño y sonriente me mira. Él también hará algo por los osos y los animales en un futuro. Y se siente orgulloso de ello. Me fijo entonces en la mancha blanca que hay encima de su tronco. Y al observar veo que es vómito, gran cantidad de espuma.

– Hay vidas que son peores que la tuya.

Me quedo chocada y en reflexión ante esta respuesta.

-Sois ruidosos y vais tan rápido que no respiráis la Vida. Vais acelerados, de forma apiñada, de un lado para otro, pero sin consciencia, ni sabiendo qué estáis haciendo en realidad. Diles que hay secretos ocultos que no quieren salir. ( Se refiere a esa masa de humanos que caminan apresurados sin consciencia, y se refiere al zoo específicamente)

Entonces oigo un hombre que le dice a otro, – “Mira, pone que están en tratamiento.”

-Nos exponéis a la locura y nosotros luego no podemos vivir. Por la noche, cuando se cierran las puertas, hay una conciencia colectiva. Una PENA terrible colectiva.

Me da la sensación de estar en un hospital psiquiátrico. Un loquero. Es un ambiente de tortura. Tortura mental.

-Sentimos el mar. Está a ese lado.

Me sorprende esa información, que detecte el mar a ese lado.

– Es cierto, está justamente ahí. ¿Os ubicáis?, ¿Sabéis donde estáis?

-Nos orientamos constantemente.

En ese momento una madre me empuja sutilmente para hacer hueco a su hijo.

-“Mira, mira” ahí abajo está el oso.

-¿Quién nos ve? NADIE nos VE.

– Qué gran certeza, qué gran verdad… Yo te veo.

– Gracias por este esfuerzo que estás haciendo. No tengo ánimo para moverme…

-Te amo. Te amo de verdad, lo siento tanto…

Se retuerce y suspira hondo. Me enseña una flor como lila, de 4 pétalos. Viene a mi mente. Es pequeña pero luminosa y de color cobalto intenso.

– Sigue con tu camino.

-Voy a hacer esto público.

-Ya se ha hecho mucho público. Pero NO VEIS.

– Igualmente lo publicaré.

Cuídate un poco más.

-Yo cuido de ti, y tú cuidas de mi. (Refiriéndome al espíritu del oso Deva que me acompaña)

-Eres intermediaria entre 2 especies. Yo no puedo irme de aquí. Haz algo tú por mi.

– Siento que he de marcharme pero estoy anclada al suelo, no quiero irme y de alguna manera siento que aún no es el momento.

-Cuenta hasta 18 y márchate.

Me espero unos instantes. En ese momento una niña de 3 añitos se pone a mi lado izquierdo y mira buscando el oso sin verlo.

-Los enseñáis mal, enseñáis que pueden tener todo bajo su poder. Marcha ahora, la niña es tu señal.

Entonces miro a la niña, miro al padre que tiene sujetándola por detrás. La niña me sonríe y sigue buscando al animal.

-Me voy. Gracias Oso, gracias. Yo te cuido, desde mi corazón. Perdónanos. Te amo.

Después de aquella comunicación me senté en el césped a comerme un bocadillo de tortilla de patatas. Bebí mucho líquido y descansé, conmocionada con todas esas sensaciones acumuladas que me costaba procesar. Al levantarme de nuevo, quise asomarme por su recinto, que lo tenía enfrente, aún seguía preocupada. No pude ver gran cosa mientras paseaba con el estómago lleno entre la multitud. Me paró la valla informativa a la altura de mis rodillas de color amarillo que informaba sobre la especie del oso.

Leí la frase: Para estimular el bienestar del animal en su recinto se colocan aromas como la canela, que les gusta y les relaja”

Flipé en colores. Ése era el aroma que le había gustado y que entonces no entendía.

Seguí con mi camino.

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