Los valores que representan las fiestas Navideñas en nuestro contexto social son estas 7 básicas:

  • Generosidad, humildad, gratitud, solidaridad, reconciliación, paz y amor.

Como los 7 días, o los 7 chakras, pero entre ellas podremos añadir muchas más según la visión de cada mente humana. 

En este artículo quisiera reflexionar sobre si realmente se dan estos valores en el solsticio de invierno. 

Aunque se haya relacionado con los festejos paganos y con la iglesia católica haciendo referencia al nacimiento de un mesías, la verdad es que el momento del solsticio es ni más ni menos, que el momento de reflexión, acogimiento y mirada interior que nos obliga a tomar el ciclo de la naturaleza deteniendo y enfriando todos los movimientos cardinales y mutables.

La naturaleza nos enseña mucho sobre este momento de entrega al descanso, introspección y cavilación.  Muchos son los animales que hibernan en este ciclo.

Pero en estas fechas, ¿qué tenemos que reflexionar y objetar? ¿Quizás una forma de vida incoherente? ¿O tal vez nuestra forma de interpretar cuál es nuestro posicionamiento en el mundo?

Diría que sí, y especialmente me refiero a nuestro lugar en relación a la madre Gaia y a nuestros hermanos, los animales, las plantas y minerales. 

En la actualidad, nuestro sistema de vida está basado en la explotación y encadenamiento de muchas de las especies que también son «hijos de Dios» pero que consideramos «inferiores» al ser humano de forma general.

Hablar sobre respeto y amor es muy incoherente cuando en nuestros platos se sirve carne de animales explotados, torturados y maltratados en industrias de explotación ganaderas. (Como dice la palabra, son explotadoras).

Hablar de gratitud y humildad es una falta de respeto cuando los valores que se manifiestan son realmente de ostentación y  abuso. ¿Tal vez en vuestras comidas, acabáis reventados a no poder más? ¿Quizás os defraudáis cuando no conseguís ese regalo esperado o respondéis con altivez creyendo que sois merecedores de la paga anual de vuestra abuela por derecho divino?

En tal caso, un tema especialmente conmovedor es éste que os comento sobre cómo nos alimentamos en estas fechas. 

El hecho de que mi dieta sea vegetariana desde hace años no es motivo para justificar este escrito. Si no más bien, para llegar al punto de reflexión de todos aquellos lectores que reconocen que hay algo disonante en las fiestas navideñas.

En mi familia se ha comido cerdo, se ha comido salmón, foie gras de pato, cordero y muchas gambas en estas fechas. Era «la tradición» y he de decir, que exceptuando el foie gras, disfrutaba antiguamente de todas estas carnes.

Una cuestión que siempre gritaba en mi corazón sobre el origen de esos alimentos, me llevó a tener una vida mas coherente con mi sistema biológico y mi salud mental y emocional. 

En muchas ocasiones, veía que en la propia naturaleza, vivía personalmente con dolor el proceso de alimentación de los animales en sus hábitats. Los felinos cazando, los osos hormigueros destruyendo construcciones, las hienas o los osos cazando salmones agotados por el gran viaje de migración dispuestos a hacer… etc.

Esto me llevó a plantearme en muchas ocasiones, que tal vez no solo el ser humano era terriblemente inconsciente del abuso y el maltrato que realizaba a sus prójimos; si no que tal vez había algún tipo de «maldad» que sostenía un ciclo de proceso evolutivo en el planeta tierra.

Esto me llevó a ser consciente en todos mis platos, en toda mi alimentación, en todas mis trampas, en mis deseos y adicciones, en mi gula y en mis caprichos. Aunque mantuviera una estricta dieta vegana, siempre me culpaba por comprar el alimento a mi gato, un ser estrictamente carnívoro y sentía que de alguna forma, seguía formando parte del sistema de maltrato animal. La conclusión fue sencilla: «Deberíamos dejar de secuestrar animales en nuestros cubículos de ciudad encarcelados y dejarlos absolutamente libres para que sean ellos mismos los que mantengan el ciclo correcto de la vida. Ellos cazan, ellos acompañan al humano cuando lo quieren. Ambas especies viven en igualdad de condiciones…»

Pero no tuve más remedio que reconocer que dependía del sistema muchísimo más de lo que creía y evidentemente tenía que alimentar a mis animales tanto si eran carnívoros, omnívoros o vegetarianos. 

Para cerrar este artículo quiero compartir con vosotros la comunicación animal que he mantenido con el Tótem de la Libélula. Tal vez con esta conversación nos ayude a todos a reflexionar qué va más allá de cualquier meditación al respecto.

Gracias a todos por leerme y os deseo un  feliz comienzo de solsticio de invierno.  

Morí igualmente aunque me salvaras.»

Viene a mí la afirmación que sospechaba cuando en una excursión en el río salvase del agua a una libélula que andaba cerca de un perro juguetón salpicando todo a su alrededor. En aquel momento la rescaté y cuando la dejé de nuevo, una de sus alas parecía desviada. Le hice Reiki, y entendí que debía dejarla marchar.

-Libélula, no logro entender el daño que el ser humano aflige a los animales en la indústria cárnica. (Le enfoco sin tapujos mi dilema)

Enderézate. Abre tus oídos bien, no rechaces mi mensaje. ¿Qué viste en «mi vuelo» aquel día?

-Vi fogosidad, estrategia, libertad. Una especie de sistema cifrado en el vuelo. 

-Bien, todo es un código. Un sistema descifrado. Vuestro sistema está aun en desarrollo y aun desconocéis las consecuencias de los actos en vuestra metodología.

-¿Hablas del respeto cósmico que la pantera un día me comunicó? ¿Ese «honrar el cuerpo de la presa y formar parte de él»?

El respeto es algo que aun os queda Muy lejos para lograr entender o integrar. Vuestros códigos están programados para ser obedientes, sistematizados y concurrentes. Pocos sois los que salís de la gran burbuja programada y gateáis en el verdadero sentido cosmológico de la existencia.

-Entiendo. ¿Qué puedo hacer para abrirnos a ese código? (Este desarrollo de la conversación me incomoda, no me la imaginaba así)

-Eres igual de limitante que ellos cuando no dejas que las cosas fluyan como han de fluir. Respira. El sentido de amor que un felino te trasladó en su proceso de caza y muerte a su presa ya lo tienes integrado, y ya supiste cuál era la gran diferencia entre esa consciencia y la nefasta consciencia del protocolo bárbaro del ser humano. Estoy aquí para que volemos en nuevas alternativas y posibilidades y para ello te quiero libre de juicios. Si no, no me hubiera invocado.

-Ok, es que me cuesta mantener las ideas y alinearlas en palabras al hacer la transcripción.

Ese es solo un problema. (Como diciéndome que ese «no es su problema»)

-Ok, te escucho.

Deja de escribir. ¿Sabes cuál es el secreto de que yo me alimente de otros insectos? Que hay un acuerdo mutuo más allá del individuo en cuestión.  Todos nos alimentamos de todos y aceptamos que ésta es la manera en esta forma de vida. Forma parte del juego y de la reencarnación de especies. El error en vuestro sistema de alimentación (aquello que tú llamas los carnívoros inconscientes) se basa en un error de programación en vuestra forma como especie. De ahí tanta oscuridad, confusión, incoherencia con su medio y falta de evolución con los de otras especies y con ellos mismos. 

No es nuestro propósito reprogramar al ser humano, si no que es vuestro compromiso querer hacerlo y estar dispuestos a ello. Solo así viviréis en el «Eden» que os prometieron, donde brote la dicha, el equilibrio entre especies y la integración en el gran ciclo de Madre Gaia. Ella os está aun conociendo, y lo que ve, no le gusta. Siente cierta esquizofrenia y a través de vosotros, como de nosotros, ella se conoce así misma. La diferencia es que la tierra no solo ha tenido que ver con vuestro sistema de evolución. 

-¿A qué te refieres? 

Ya tenéis sospechas, ideas erróneas y miles de posibilidades que no son más que investigaciones que os desvían de nuevo en vuestro propósito de integraros de nuevo con la tierra. 

-De acuerdo. ¿Qué puedo hacer yo o qué podemos hacer las personas para aumentar nuestro nivel de conciencia en una sociedad tan ciega?

Los divulgadores hablan, los maestros no predican si no que cumplen con su ejemplo. Sé el ejemplo, encuentra tu canal de voz, continúa haciendo tu proceso evolutivo individual como hasta ahora. Te zambulliste en este sentido y tu compromiso nos ayuda a todos los animales a respirar de alguna forma, en una milésima de segundo, frente a la oscuridad del ser humano.

(En ese momento me viene la imagen de aquella libélula que rescaté, donde se encontraba descansando en mi mano mojada aquel día)

No es nuestro propósito demostraros que usáis el maltrato, el abuso y el engaño con los animales y en vosotros mismos. Eso lo podéis ver vosotros mismos sin paños calientes en vuestras acciones.

Mi mensaje es sencillo, programar vuestro sistema de creencias para ser coherentes con el ciclo natural del planeta tierra. Seréis uno cuando entendáis que lo sois con el resto de seres. Mientras, seguiréis viviendo separados, asustados, violentos y esclavos de vosotros mismos. 

Nosotros vivimos en unión, dándonos permiso a ser y sentir lo que somos. Si tienes dudas sobre esto mira a tus propios animales profundamente. Y no me refiero a su cuerpo, me refiero al espíritu que habita en ellos y están experimentado este sistema de vida igual que tú. 

La diferencia es, que todo está donde debe estar y todo es lo que debe ser.  El equilibrio es cósmico y si el ser humano continúa rompiendo el filo delicado, la balanza natural de las cosas lo reestructurará de nuevo.

-Creo que he entendido el mensaje. Aunque era demasiado poco cómodo para mí que me relacionaras este tema con la programación y las geometría de las cosas. (Navidad, alimentación, ética y …. ¿programación humana? ¡Me he vuelto loca!)

Siento si no estoy del todo preparada para este concepto que has intentado transmitirme. De todas maneras lo haré llegar de la única forma que tenemos la mayoría de los humanos; de forma escrita.

Tú has solicitado la ayuda y yo te he enseñado otro lado de la realidad. 

-Gracias, debe de ser cierto eso de que las libélulas sois animales que enlazáis mundos de consciencia. «Cazadoras del ego, guardianas de lo transpersonal»

-Como quieras decirlo.

(Siento que es todo cuanto ha de decir y tras un breve silencio me dispongo a despedirme).

-Recibe un saludo de mi especie a la tuya y gratitud por este momento que me has dedicado.

-Ampliar la consciencia antes de que sea demasiado tarde. Y especialmente, tú, vuela. 

(Siento esta última frase que me dice no como un mandato, pero sí como una recomendación seria y comprometida)

-Gracias Libélula. 

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