Un ejercicio muy especial es el de encontrar e identificar cada una de nuestras emociones que estamos sosteniendo diariamente.
Abrir una libreta y apuntar: «Mi emocion de hoy es…»
Puede ser más de una, tal vez tres o cuatro. Pero no te preocupes si de repente ves escrito en tu papel: «odio, resentimiento, asco, altivez…»
¡Vaya! cuanta luz, no? Bien, es genial que resulte que tienes un lado sombrío y que de hecho lo sepas aceptar y expresar es un paso agigantado.
Ningún yogui vive en absoluta felicidad, para ello, mientras más brillemos, más el lado oscuro intentará atraparnos. Es un tema de polaridad, Física si quieres llamarlo.

Las personas más Brillantes que he conocido pueden ser a la vez las más sombrías; y de hecho, yo he sido para otras muchas personas, el mejor brillante del mundo o la persona más tóxica encontrada en su caminar.
Todo depende de qué papel juguemos en la vida de la otra persona.
El punto medio es el equilibrio, que quedaría siempre en punto 0.

Uno de los caminos que he descubierto es el camino del reconocimiento a mis sensaciones y emociones.
Mis sentimientos siempre han tenido una connotación intensa y profunda por lo que con más motivo, he tenido que prestarles especial atención.
Algunas emociones pueden quedarse atrapadas en nuestro ego y resultan un arma potencialmente peligrosa si esas emociones salen disparadas en forma de reacciones o planificadas acciones demoledoras.

La trampa del ego. Si, hablo de esa trampa del ego que nos hace responder innatamente porque caemos en la red de considerarnos inferiores, superiores, catalogados, válidos o inválidos, perseguidos, juzgados, reconocidos o recompensados.

Así que lo que valgo yo como persona lo determina otro grupo de personas que me felicitan o me regañan si algo lo he hecho bien o mal según las expectativas del mismo que me señala con un dedo. ¡Vaya forma de vivir!
Como un emperador en los circos romanos donde salvaba o condenaba al otro pobre personaje.

He caído en esa trampa y sigo cayendo por trivialidades. Y es terriblemente vergonzoso darse cuenta de hasta qué punto la sociedad, trabajo y expectativas a tu alrededor pueden ensombrecer la luz que hay dentro por una crítica, un juicio o una aprobación. Estamos constantemente condicionados por los demás si no nos damos cuenta de nuestro valor.
El más pequeño detalle puede tirar por suelo todo tu trabajo realizado para una persona o conjunto de ellas.
Pero que esa actitud las haga terriblemente duras contigo solo significa que son terriblemente duras con ellas mismas y muy posiblemente ellos mismos sean el blanco fácil de otros verdugos.

E aquí donde conecté con un guía animal Tótem. En este trabajo apareció la figura del mono. El mono como ese reflejo del personaje que tenemos en nuestra cabeza.
Él me enseñó a averiguar ¿hasta dónde estaba alargando mi dominancia? ¿hasta donde mi compulsión u obsesión por ser mejor en el trabajo, en casa, o hasta dónde mi herida interna por no sentirme reconocida había reaccionado a cosas sin importancia? y una vez vinieron los elogios, ¿realmente los saboreaba?

No, esos elogios no eran más que pequeñas palmaditas en mi espalda, pero seguían sin tocar mi alma.

Tal vez necesitaba un tipo de aprobación más interna, más mía…
Vale, estaba claro que vivir así no es el camino. Engancharme por trivialidades de otros es absolutamente innecesario. ¿Entonces cuál era el verdadero problema? ¿La sociedad o cómo me estaba tomando yo las cosas?
Esa era la verdadera pregunta.

Entonces encontré mi verdadera brújula interior, reconocí mis sentimientos y emociones y dije, «vale, voy a prestarlos atención y con esto voy a trabajaros». Acepto la rabia, el enojo, la falta de reconocimiento e incluso la tontería caótica que los demás vuelcan sobre mí en sus conflictos personales.
Pero a partir de ahora voy a dar foco y luz a mi ser interno, dejaré que el resto de personas ganen sus batallas de «tener razón», dejaré que la vida les haga de espejo, pero no volveré a participar en delegar a otros la conclusión de valorar si tengo o no tengo valor.

No tiene ningún sentido lógico ni práctico. ¡Arrastrarme de ese modo con un torrente de emociones con mi entrega y mi implicación tiene un valor incalculable, que no debo obligar a que entiendan los demás!

-Tal vez no te estás implicando y entregando en el camino «correcto» Me dijo el Tótem moviendo su cola.
Y ahí vi la mirada del mono. Tan profunda y tan sabia, tan acogedora y directa. Juguetona y ágil. Sin tapujos.
-Vaya, Si, tienes razón, en realidad esta situación… ¿Es el camino incorrecto? Reconocer mis emociones y comprender el daño que he sufrido me sirve como alarma a no olvidar cual es el verdadero camino que merece mi implicación y mi entrega…
-Bien, quizás todo este proceso es para que reconozcas que este No es tu camino.
-Vaya, he estado 13 años haciendo lo mismo…
Ya. Ahora depende de ti elegir cuantos años más vas a seguir por este camino o vas a romperte del todo y encontrar el tesoro que te muestre que eres capaz de hacer el tuyo propio.
-Vaya, «he de romperme»
Si, Romper una imagen reflejada en un espejo distorsionado. ¿Esto te suena menos doloroso?
-Vaya, ahora he de romperme.
-Mmmh o rompe el espejo distorsionado enfrente de tí si lo prefieres. ¿Entiendes lo que te hablo?
-Jajajaja , comprendo. Está bien, tomaré de referencia mis emociones, usaré mi brújula para saber hasta donde me desvío, haré todo lo posible para encontrar mi norte. Que siempre lo externo me desvía…
-Pero para ello debes quitarte todos los juicios de la cabeza de otros. No son tuyos, son sus creencias, limpia bien tu espejo. No permitas que nadie te haga creer cosas distorsionadas de ti.

-Encuentra de nuevo tu camino. Mírate en el espejo correcto de la vida. Juega, Juega con una visión Limpia. «Ellos», olvídate de ellos, deja que ellos sigan en su trampa. Ocúpate de salir de la tuya. Limpia tu espejo. Es una de tus trampas más grandes que tienes ahora de tu ego. 

-Mírate bien y ve lo que vemos de ti. Tan potente y tan bello. Más allá del ego atrofiado humano y las proyecciones de los demás. ¿Qué ves? Tu voz interna efectivamente son tus emociones. ¿Qué sientes en ello?

Y así saqué este articulo donde comprendí que mis emociones son ideales, por muy feas que parezcan, para ayudarme a localizar en qué punto me encuentro, donde estoy. Y puedo tomarlos como mi brújula personal para saber cuánto me estoy desviando de mi camino, de mi intención y de lo que me hace feliz y es verdaderamente real.

Espero con este encuentro poder hacer que veas dónde estas tú y uses tus emociones como tu guía interior a tu verdadero camino.

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