Integrar y reflexionar sobre nuestros procesos es el inicio y el principio de cualquier creación.

¿Podrían acaso los árboles crecer fuertemente hasta el cielo y florecer sin la profundidad de unas buenas raíces que le sustentan secretamente?

¿Podría acaso el niño nacer sin el comienzo de una gestación oculta e interior en el vientre de la madre?

Todos hemos de pasar por periodos de introspección. Y son de los más ricos que he vivido.

Puede que el sendero semble oscuro e incluso irreal por la falta de ruido palpable de vida externa,

pero es el camino más directo a tu corazón; será silencioso, auténtico, profundo y destapará todo lo que ha de ser revelado.

Uno de los animales que ayudan en este tipo de viajes es el cuervo y éste me acompaña en este momento. Su visión, su inteligencia y su ropaje negro, son símbolos y arquetipos de información básica que me acompañan en el proceso y me ayudan a trabajar desde un mundo y una realidad que el cuervo conoce bien.

La vida me habla y me dice que comparta con vosotros cuán importante es la introspección para el ser humano.

Saber parar, en todos los aspectos de nuestra vida, no es pararse literalmente. Es parar la mente y oír al corazón en la vorágine de un sistema y una sociedad que quiere arrastrarte a su programa repetitivo y acelerado.

Podemos aceptar la realidad de esa velocidad sin consciencia que todo tu exterior manifiesta.

Podemos darle luz desde nuestra quietud y simplemente dejarlo ser como es.

Tú puedes apartarte de ese mundo y ver el mundo de tus aguas profundas. Donde encontrarás un gran tesoro que llama a ser descubierto.

Cuando nos encontramos en esa época de introspección, se está gestando algo verdaderamente único y brillante, que nacerá y saldrá a la luz en el momento indicado.

Estarás verdaderamente en la introspección cuando navegues en ella felizmente, sin prisa y sin la espectiva de terminar o salir de ella.

La magia de la introspección te empuja y te anima a que la vivas sin saber las consecuencias o los resultados que puedan llegar a tu vida.

Sabes que estás en introspección cuando sencillamente algo superior a ti se esta moviendo y está pidiendo paso, pero de forma muy silenciosa, casi sin percatarte. Acunando a tu ego y dejándolo en el lugar que le pertoca, sin darle demasiada importancia y sin olvidarle y ofreciéndole amor y respeto.

Que la introspección parezca fría, silenciosa o incluso oculta en tu proceso, no significa que no sea sabia; que no sea elemental y que no sea básicamente necesaria en tu vivir.

Como los cimientos de un edificio que son básicos para construir grandes pisos o como el aire que respiras, que está en todas partes y no tiene forma, ni visibilidad.

La introspección es un camino que en muchas ocasiones no sales a buscarlo, el camino te encuentra a ti. Como un río que te recoge de su propia orilla y te hace navegar entre sus aguas mansas.

No es un río bravo, pero tampoco te dejará sin movimientos emocionales que superar.

Este río es un río profundo y pausado donde sueles navegar en él por las noches. Muchos seres están viendo el recorrido que realizas en el río. Pero son seres, que como la noche, tampoco se dejan ver. Te acompañan, respetan tu proceso, observan tu camino y dejan ser lo que es.

Cuando el proceso de la introspección termina, saldrás de la burbuja y pasarás a una nueva dimensión. Algo en tí habrá cambiado. Tal vez tengas alas nuevas o plumas brillantes con color de diamante. Pero seguro tendrás una nueva visión, más amplia, más profunda, más conectada con el todo y mucho menos limitada.

Las introspecciones son los encuentros con tu alma. Los descansos de la vida real de tu propio guía interno.

Como la introspección o cualquier otro proceso interno, éstos nunca se han de desvalorizar o evitar.

No subestiméis los cauces subterráneos, no subestiméis los animales del profundo océano, no subestiméis las raíces de los árboles, ni subestiméis el mundo de lo profundo, pues es el principio y el comienzo de toda creación, de toda expresión de vida y de todo lo que ES.

Si abres un huevo para ver la clara y la yema, si abres a la luz lo que se puede gestar dentro del huevo, perderás la gallina, perderás el gallo y perderás muchos más huevos que se pueden crear.

El principio, el comienzo, lo oculto y la gestación son procesos silenciosos e individuales que han de respetarse como la semilla que necesita oscuridad debajo de la tierra o como el renacuajo que navegará en las aguas quietas para saltar siendo rana adulta con pulmones y piernas.

Que no veáis lo que está ocurriendo ahí abajo y ahí dentro no da derecho a interrumpir su evolución, pues es la base y el abono que dará la vida y expandirá los frutos necesarios a una nueva realidad.

La introspección no tiene prisa, se basa en la paciencia. Como el bizcocho que ha de cocinarse lentamente en el horno, si se saca antes de tiempo nunca lo disfrutarás ni apreciarás el aroma en cada bocado.

La introspección no es una herramienta, no una metodología, es sabiduría de vida que te recogerá cuando menos lo esperes, cuando no la busques y cuando estés abierto a adentrarte en tu templo interior; bajando los túneles que hayas de bajar, respirando en el pozo de lo que ha de manifestarse para que comprendas, para que elijas, para que integres y para que comprendas porqué estás donde estás y para qué es lo que Es.

Bienvenido al mundo de tu interior, bienvenido al reino de tus profundidades. Grandes lecciones, experiencias y sabidurías se encuentran allí, esperando.

Desde el silencio más amoroso, latente, como el pu-pum que late de la gran telaraña de vida que está en ti y en todas partes.

Bienvenido a tu mundo profundo. 🙂

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