Un día al mirarme al espejo descubrí una asimetría en mis facciones.

Donde en un sitio tenía algo más grande, en el otro más pequeño. Donde en un punto más alto, otro era más bajo.

Y todo era cuestión de observar la diferencia, porque existían dos puntos a los que tomar como referencia.

El punto medio, era lo únicamente real entonces que no se expresaba físicamente en mí, pero que era la tercera cosa creada que personificaba mi rostro.

Nada de lo que pudiera ver en mi asimetría facial era completamente verdad. Ni el lado izquierdo era mejor que el derecho, ni el derecho era mejor que el izquierdo. Eran dos energías distintas, dos hermandades con propósitos distintos y necesarios que se complementaban uno al otro y le daban a mi rostro el toque especial de lo que era mi personaje.

Era en esta época en que experimentaba los fuertes altibajos en los que veía la realidad enfocada desde un prisma, y en cuestión de horas, un mismo tema, lo veía totalmente diferente. Un ojo decía «ven», y el otro decía «aléjate de mi». Una mueca de mi boca estaba sonriendo, y la otra estaba terriblemente seria. Vi la polaridad en una imagen, que reflejaba toda mi realidad del momento.

Descubrí que estaba en el punto de la esquizofrenia de mi Ego. Alterado por dos conceptos, dos visiones. Dos posibilidades completamente reales y a la vez insostenibles entre sí.

Dos caminos a escoger y entre ellos, ninguno era cierto del todo.

Hay que vivir los aspectos opuestos de un mismo contenido, pero estos dos conceptos tratan de atraparte para que los vivas con la máxima intensidad posible. Si te atreves a vivir esas dos posturas con esa entrega absoluta, descubres una tercera realidad, un punto intermedio que resulta más verdadero y te conduce a una mayor comprensión de la verdad, empujándote a una cierta libertad desconocida.

Esta liberación llega cuando logras transcender la limitación de esas dos realidades. Pero no corras rápidamente; pues la vida te mantendrá en constante desequilibrio para que en todos los aspectos, logres conocer la dualidad de ambas caras de una misma figura, y encuentres en el trabajo interior el tercer punto Real sobre la cuestión que no dejaba descansar a tu mente limitada.

La lucha de opuestos no es si no, un intento frustrado de amor por equilibrarse constantemente y evolucionar a una nueva perspectiva vista desde otro plano.

Cuando estás próximo a encontrar ese equilibrio, los opuestos intentarán redirigirte y atraerte hacia sus extremos, para atraparte y mantenerte en el mismo plano. No te frustres.

No creas que lo contrario a lo que sientes, vives, ves, experimentas es la solución a tus problemas, porque realmente, tampoco eso es cierto. No te atrapes en el juego de los opuestos sin saber, que hay algo más allá que no estás viendo del propio problema.

Pero, ¿Para qué sucede todo este baile de polaridades?

Para comprobar si estás preparado a experimentar la nueva experiencia de verte, enfocarte, sentirte y sentir aquello que te preocupa desde una nueva perspectiva mucho más elevada.

Para ello, hay que aprender a saltar a un vacío desconocido.

Da igual cuánto te sostengas en uno de los dos extremos, o cuánta persistencia desees tener en ello. La única manera de salir del dilema consiste únicamente en desprenderte de los dos extremos a la vez para elegir el camino del medio y dejarte caer, navegar, deslizar por esa nueva realidad que no parece integrativa para tus dos hemisferios acostumbrados al baile de la dualidad.

Al integrar los dos puntos realmente, estarás preparado para soltarlos; y mientras caigas descubrirás que la verdadera realidad era ese tercer concepto que nació de esos dos opuestos.

Ese otro punto, es el camino de en medio. Es la verdad.

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