Respetar lo que es por lo que es, es una frase que siempre me venia a la cabeza estos días.

En mi infancia, cuando contactaba con la naturaleza, veía preciosas flores, cada una cual distinta y diferente a la de al lado. Arrancar sus pétalos, para jugar a no se qué juego de azar amoroso, o incluso llegar a cortarlas para darlas en ofrenda a un ser querido, me parecía de alguna forma un acto irrespetuoso.

Cazar mariposas absolutamente innecesario, buscar caracoles o animales similares me resultaban nuevos objetivos sin un sentido a la totalidad del bosque en el que me encontraba.

Sin embargo, cuando disfrutaba fotografiando las flores, cuando miraba la forma de alimentarse de las abejas, las mariquitas y las mariposas, o cuando veía como las familias de caracoles gozaban, salían o se refugiaban entre la húmeda hierva, era una satisfacción en pleno directo elevada a una experiencia que no se podría mantener encerrados en un bote.

Es en este punto en el que llego a la reflexión de que debemos amar lo que es por lo que es.

Amar de la misma manera una flor bella, y el pulgón que la acecha, como las heces de una vaca o el agua cristalina que brota de la tierra, es igual de importante para todo el propósito de éste, nuestro sistema.

¿Qué conclusión tan chirreante, verdad?

Ninguno de los elementos y seres vivos que he mencionado son innecesarios para esta existencia de vida. Todo lo contrario, resultan todos elementales. Y si aprendemos a respetar seres vivos por su gran belleza o su gran fealdad, habremos aprendido a entender el significado de la sombra y la luz danzando en nuestro camino.

La posesión de adquirir algo bello, ya sea una relación, un objeto, un animal, una flor y separarla de su tallo, de sus raíces, sin que pueda ser flor y entregar todo su potencial a los insectos y las abejas o todo ser vivo que se nutra de él, es monstruosamente irrespetuoso en el ser humano.

Por eso, antes de actuar en todos tus actos del día a día, replantéate si esa decisión es solo en beneficio a ti mismo, o en beneficio del ecosistema del cual formas parte. (familia, amigos, vecinos, plantas, animales y sistema)

Sí, las flores cortadas son bellas en nuestro cabello y nuestro salón, pero verlas marchitar a los 3 días y observar su muerte es mucho menos gratificante que tenerlas conectadas a su fuente, con su origen, dándolo todo en tu jardín o balcón y ver cuántos ojos se maravillan al verlas hasta que las acompañamos en su ciclo de desfloración.

Las relaciones humanas son un fractal de esta ley de respeto y amor.

Los vínculos oprimidos y manipulados resultan satisfactorios para alimentar nuestros patrones de inseguridad, de ego, de control y miedo. Pero ver al ser amado haciendo lo que le hace feliz, y compartir con él cada momento que sea oportuno según nuestro ciclo de vida, es respetar y querer desde el honesto amor que florece en nosotros.

Los humanos entablamos 3 tipos de personalidad, el salvador, el víctima y el verdugo. El verdugo y la víctima son un matrimonio que casan perfectos, pero el salvador es el tercer punto del triangulo que transciende la dualidad para observar desde un punto lejano  cómo la relación de estas personalidades desequilibradas, pueden influenciar en su entorno.

Nuestras emociones insostenibles por ser densas y dolorosas no se han de contaminar, ni alimentar, no se han de empoderar, hemos de abrazarlas, integrarlas y pedir a la Madre tierra que nos ayude a conectar con nuestras raíces en los pies para que la Gran Madre, lo limpie y lo recicle como toda existencia de plano.

Cuando aprendamos a devolver el poder al sistema que nos nutre y nos da la vida desde planos espirituales a los terrenales, estaremos abiertos a permitir vivir la vida con respeto, amor y entrega en todo momento.

Como cualquier semilla que ha de brotar, en las profundidades de nuestras programaciones y patrones subconscientes, hemos de aplicar la semilla de la bondad, el respeto, el amor hacia uno mismo, para que en un tiempo de gestación y maduración, con paciencia, surja esa planta, árbol o arbusto, que dará esas flores a los demás. Esas flores contendrán néctar de sabiduría, de perdón y de amor. Esos árboles darán frutos llenos de gratitud y salvación.

No arranquéis lo bello de la vida, no despreciéis lo que creéis que es dañino, porque la gran sombra, los parásitos y las relaciones tóxicas, solo son maestros que demandan tu atención para que equilibres grandes polos de tu vida vacíos, sin trabajar, ni depurar.

Sin exceso de nada, los parásitos conviven en simbiosis con los huéspedes, y se convierten en hospedadores y hospedados. Ahí está el equilibrio de este plano.

Todo es según el nivel de vibración de amor, que haya en el ambiente. Y amor, es aceptación, integración y al final, el punto medio. El gran Equilibrio cósmico real.

Bello y luminoso en su totalidad.

Gracias una vez más por encontrar lo bello en todas las partes.

 

 

Desde mi casa 12 en Libra, entrando en la vida de forma Escorpiana, os anima esta terapeuta a comenzar con equilibrio este nuevo Equinocio de Otoño lleno de Amor.

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